“Si estoy acá después de 38 años, algo hubo en el camino ”

Alejandro “Zumarán” Souza lleva más de tres décadas ligado al pádel. Primero como jugador y luego como entrenador, transitó prácticamente todas las etapas del deporte en Salto y Uruguay. Fue mundialista, dirigió selecciones nacionales y formó a jugadores que llegaron a representar al país. Actualmente es uno de los principales referentes de Box Pádel, donde está a cargo de los entrenamientos.

—¿Cómo llegó el pádel a tu vida?

—Yo vivía enfrente al Club Tiros Altos Grande. Iba a jugar paleta, frontón, tenis, con él en esos tiempos el gerente del club, que era Miguel Ambrosoni, jugábamos sin ninguna instrucción, fue en 1987 o yá en el 88’. Pero en 1988 sí, el pionero  Eduardo Álvarez, Enrique Salaverría, me acuerdo, y algunos más tuvieron la idea de hacer una cancha de pádel. El deporte estaba naciendo a Uruguay desde México, y ahí conocí el pádel, en la primera cancha en el Club Tiro Salto Grande

—¿Ya estabas vinculado al deporte de paleta?

—Sí. El club me quedaba enfrente a casa y ahí jugábamos, peloteábamos en el frontón. Después apareció el pádel y nos enganchamos.

—¿Hubo algo que te atrapara especialmente cuando comenzaste?

—Si estamos acá después de 38 años, algo hubo jaja. No sé si hubo algo especial de entrada, pero nosotros empezamos a pelotear incluso antes de que la cancha estuviera pronta. Probábamos, hacíamos paletas con los carpinteros de ese momento y jugábamos. Eso fue diferente. Después el pádel explotó, llamó a todo el mundo. Se hicieron una cancha, dos, tres, hasta llegar a más de 20 funcionando simultáneamente en Salto. Fue una experiencia de crecimiento maravillosa, y muy divertido para jugar.

—¿Cómo fueron aquellos primeros años?

—El ambiente era muy parecido al de hoy. Era un ambiente sano, familiar. En aquel momento predominaban los clubes sociales. Después aparecieron muchos clubes privados, que dieron otra impronta y otros servicios. Pero siempre hubo un ambiente muy cordial, tanto a nivel local como cuando venían jugadores de otras ciudades.

—¿Cómo evolucionaron las categorías?

—Al principio el pádel era más de gente que ya practicaba otros deportes: paleta, tenis, ping pong, rugby, vóley. Empezaron los mayores de 25 o 30 años y las primeras categorías eran por edades. Después se fundó la UPRU, que fue un circuito muy exitoso y también tenía ese perfil familiar, eran torneos para edades mayores a 35. Hoy es totalmente diferente: hay chicos que prácticamente nacen dentro de una cancha de pádel y pasan por escuelitas.

“Antes aprendíamos mirando a otros jugadores, ahora ves el torneo en vivo”

—¿Cómo te definirías como jugador?

—Era un jugador técnico, pensante, bastante ordenado. En aquella época no teníamos dónde mirar el pádel. Hoy ves cuartos de final, semifinales, partidos en vivo. Antes aprendíamos mirando a otros jugadores, haciendo cursos en Argentina, y tratando de entender cómo pegarle a la pelota y cómo moverse. Era un aprendizaje mucho más artesanal.

—¿Cuándo comenzaste a dar clases?

—La primera cancha se hizo en 1988 y en 1990 ya había mucha gente jugando y aparecía la necesidad de enseñar. Eduardo Álvarez y Enrique Salaverría nos citaron a Fernando Álvarez, (conocido por su apodo como el Zombie) y a mí y nos propusieron hacer un curso para empezar a dar clases. Ahí comenzó todo, con esa propuesta y viaje a Buenos Aires a aprender de los mejores, que en ese momento ya eran los argentinos. Después seguí capacitándome durante muchos años, viajando a Argentina durante varios años a continuar las capacitaciones, el pádel evoluciona y había que estar preparado, como siempre.

—¿Recordás tu primera clase?

—No recuerdo exactamente la primera, pero sí recuerdo una anécdota. Muchos años después una alumna, Ana Irene Bentos Pereira, me dijo: “¿Te acordás cuando me diste una clase y no me hablaste una palabra?”. Yo era muy tímido. Le tiraba la pelota, pero prácticamente no le corregía nada, no le hablaba de la timidez que me daba corregir a la otra persona, te imaginás… increíble que haya vuelto mi alumna jaj… Después fui creciendo también gracias a eso, a esas experiencias. Intento siempre estar aprendiendo de los alumnos y alumnas.

—¿Cuándo sentiste que ser entrenador era una vocación?

—Creo que desde el principio. El otro día justo veía un recorte de una entrevista me hicieron en Diario Cambio, y en ese momento yo con veinte y pocos años ya tenía claro que quería vivir de esto, estaba convencido desde joven. Fíjate que como jugador, mi mejor momento  llegó más adelante, cuando tenía 30, 34, 36 años, pero ya antes estaba encaminado por ese lado. El entrenamiento ya estaba en mi cabeza.

“… que el pádel sea una herramienta para que el niño crezca dentro de un ambiente sano.”

—¿Cuál es la base para formar un buen jugador?

—Creo que la base va en ayudarlo a que el pádel sea una herramienta para que el niño crezca dentro de un ambiente sano, después será un joven y comenzará a tomar decisiones que lo llevarán a la adultez, pero lo esencial es darle una herramiento social sana y deportividad. Esa es la base. 

Hoy el pádel permite que alguien se dedique profesionalmente, pero primero hay que educarlo en la cancha, transmitirle valores y que la familia acompañe. Después algunos llegan y otros no. También depende del hambre que tenga cada uno. En el día a día capaz vemos varios talentos en la vuelta, pero que la cabeza tiene un rol fundamental en el crecimiento del jugador o al fin y al cabo no.

—Has formado jugadores que después llegaron a mundiales. ¿Qué sensación produce verlos allí?

—Es algo que quizás uno no dimensiona. Cuando trabajás con un jugador durante muchos años influís mucho en esa persona. Con Nico (Franco Soria), Valentín (Piastri), Camila David de Lima, Andrés (Rattín), Luis Miguel (Iriarte), Agustín (Hernandez) y tantos otros hemos compartido años de trabajo. Algunos jugaron mundiales y eso genera mucha satisfacción. Pero también te obliga a tomarte muy en serio el trabajo, porque como decía recién, no trabajás solamente con un jugador: trabajás con un ser humano.

—¿Tus alumnos o exalumnos, te siguen consultando pasados los años…?

—Sí. Con algunos más, con otros menos, pero seguimos en contacto. Muchos de esos jugadores siguen siendo parte de mi vida. Con Agustín que es entrenador en España mantenemos un lindo vínculo, Valentín y Andrés continúan entrenando acá en Box, Camila también… la verdad que sí seguimos manteniendo relaciones muy lindas. Como te decía antes, somos seres humanos antes que jugadores de pádel, creo pasa por ahí.

—¿Como entrenador te queda algo como materia pendiente?

—Me gustaría sacar un jugador que, a la larga, termine jugando el circuito internacional. Esa sería una materia pendiente. Pero también es importante que todo ese trabajo que hiciste durante años le haya dejado algo a una persona para que después pueda aplicarlo con otros. Veo hoy personas que entrené y hoy viven de padel, a eso le doy valor, pero no te voy mentir… Me hubiera gustado que fruto de mis entrenamientos, un alumno siguiese su carrera como profesional.

“La táctica o la cabeza puede marcar una diferencia enorme, la técnica no tanto”

—En el pádel amateur, ¿qué pesa más: técnica, táctica o mentalidad?

—En determinadas categorías, la técnica queda un poco en último lugar. La parte táctica, para mi, es lo más importante, pero en el amateurismo muchas veces hace la diferencia el jugador que entiende cómo competir y que mentalmente es fuerte. Saber manejar los puntos importantes, utilizar tus herramientas y aprovechar las falencias del rival. La táctica o la cabeza puede marcar una diferencia enorme, la técnica no tanto.

—Tuviste una larga trayectoria junto a las selecciones uruguayas. ¿Cómo fue ese proceso?

— Si, la verdad ha sido maravilloso. En 2001 acompañé a la selección juvenil a México. Después vinieron muchas participaciones con juveniles y mayores, en Panamericanos y mundiales. Estuve en Sevilla, Málaga, Buenos Aires y otros lugares. Dirigí varias veces selecciones uruguayas.

Con los mayores, uno de los momentos más importantes fue Portugal 2016, donde terminamos cuartos, ahí estuvimos con Valentin (Piastri) y Nico (Franco Soria). Es, hasta ahora, la actuación más destacada del seleccionado uruguayo en un mundial.

—¿Qué significa haber trabajado con tantos jugadores mundialistas?

—Significa que vas a influir mucho sobre ellos, y que tenés que tomarte el trabajo en serio para darle el desarrollo que buscan. Cuando un jugador era niño y tenía ocho, nueve o diez años, vos estabas ahí tirándole pelotas. Después crecen, llegan a una selección y te das cuenta de que ese vínculo y ese trabajo permanecen, lo más lindo son los vínculos que se forman, aunque es verdad que también gratifica mucho verlos dentro de las canchas como jugadores o como entrenadores.

“Hay talento, pero también tiene que estar la convicción de que podes realizar un camino dentro del pádel ”

—¿Y cuánto pesa la mentalidad en el desarrollo de un jugador?

—Muchísimo. Acá hemos visto jugadores con condiciones técnicas impresionantes, pero muchas veces falta esa mentalidad de decir: “Me la creo, agarro la mochila, y me voy a probar suerte…”. Lo que pasa creo también es una decisión de cada uno como trabaja ese talento, ahí está la mentalidad de nuevo. No hay disciplina para cuidarse y querer un poco más. Hay talento, pero también tiene que estar el hambre, la decisión de aprovechar una oportunidad, y la convicción de que podes realizar un camino dentro del pádel.

“… en el año 2000 busqué trabajo de guardavidas en un Parque Acuático, porque había muy poco pádel”

—Entre 1995 y 2000 el pádel atravesó una etapa complicada. ¿Cómo viviste esos años?

—Fue difícil. Había que vivir también. Recuerdo que en el año 2000 llegué a buscar trabajo de guardavidas en un Parque Acuático local, porque había muy poco pádel. Había una, dos, tres clases y no mucho más. Pero mentalmente el pádel siempre estaba en mi. Nunca dejé de pensar en él.

Yo soy una persona a la que le cuesta mucho estar quieta. Entonces, aunque el trabajo bajará, el pádel seguía presente. Después volvió a crecer y llegamos a organizar torneos muy importantes, con jugadores de toda la región y muchos argentinos que venían a Salto. Hubo circuitos grandes, con apoyo de empresas locales. La época posterior al declive es una época muy linda de recordar también.

—¿Qué diferencias encontrás entre aquel pádel y el actual?

—Las canchas cambiaron. Hoy el piso es más lento y el vidrio da otras posibilidades. Para mí también es un pádel más sano por el piso y por la menor fricción que demanda. El juego evolucionó mucho, es verdad, capaz el beneficio deportivo fue para los que defienden de fondo de cancha, hoy es un deporte más dinámico con mayor volumen de juego.

—¿Qué debería seguir desarrollando el pádel uruguayo?

—Me gustaría que los entrenadores se capacitáran más, que lo hicieran con más amor y que se proyectaran. Eso los va a ayudar a ellos y también va a elevar el nivel de todos. Me gustaría que los entrenadores locales quisieran ser mejores. Elevarían el nivel de sus alumnos, y por ende elevaría el nivel del pádel en general.

“ El desarrollo del pádel juvenil en Uruguay no está bien organizado, no está bien estructurado”

—¿Y cómo ves el desarrollo juvenil?

—En Uruguay no está bien organizado. Se nota. El nivel juvenil y también el de las selecciones mayores bajó mientras otros países fueron creciendo. Uruguay tuvo momentos muy buenos, pero hoy tiene que disputar clasificatorias para llegar a los mundiales. Falta cantidad de jóvenes y falta un trabajo organizado. Hay gente trabajando, pero en mi opinión el desarrollo todavía no está bien estructurado.

Después de más de tres décadas, “Zumarán” continúa ligado al pádel desde otro lugar, pero con la misma convicción de aquellos primeros años. Cambiaron las canchas, las herramientas, la preparación y el nivel competitivo. Lo que permanece es la idea que atraviesa toda su trayectoria: el verdadero desafío del entrenador no es solamente formar jugadores, sino dejar una huella en las personas que pasan por su cancha.